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PALABRAS DEL PAPA BENEDICTO XVI AL CONCLUIR LOS EJERCICIOS
ESPIRITUALES EN LA CAPILLA REDEMPTORIS MATER
Sábado 11 de marzo de
2006
Señor cardenal; queridos hermanos:
Al final de estos días de gracia, es obligado y hermoso por parte del Papa
decir: ¡gracias! Gracias, ante todo, al Señor, que nos concedió este período de
renovación física y espiritual. Gracias a usted, señor cardenal, que, siguiendo
el itinerario de san Marcos, nos guió a lo largo del camino con Jesús hacia
Jerusalén.
Al comienzo, usted nos hizo comprender inmediatamente el carácter profundamente
eclesial de este "sacramentum exercitii". Nos hizo comprender que no se trataba
de un retiro individual, privado. Con el "sacramentum exercitii", realizamos
nuestra solidaridad con la Iglesia en el "exercitium" sacramental común, y así
asumimos nuestra responsabilidad de pastores. No podemos llevar al mundo la
buena nueva, que es Cristo mismo, si no estamos nosotros mismos en profunda
unión con Cristo, si no lo conocemos en profundidad y de modo personal, si no
vivimos de su Palabra.
Además del carácter eclesiástico y eclesial de estos ejercicios, usted mostró
también su carácter cristológico. Nos hizo estar atentos al Maestro interior;
nos ayudó a escuchar al Maestro que habla con nosotros y en nosotros; nos ayudó
a responder, a hablar con el Señor, escuchando su palabra. Nos guió por ese
camino "catecumenal" que caracteriza el evangelio de san Marcos, en una
peregrinación común junto con los discípulos hacia Jerusalén, y nos dio de nuevo
la certeza de que en nuestra barca —a pesar de todas las tempestades de la
historia— está Cristo. Nos enseñó de nuevo a ver en el rostro sufriente de
Cristo, en su cabeza coronada de espinas, la gloria del Resucitado. Le estamos
agradecidos por esto, señor cardenal, y con nueva fuerza y nueva alegría podemos
peregrinar con Cristo y con los discípulos hacia la Pascua.
Durante todos estos días mi mirada se dirigió necesariamente a esta
representación del anuncio a María. Lo que me fascinó fue ver que el arcángel
Gabriel tiene en la mano un rollo, que pienso que es el símbolo de la Escritura,
de la palabra de Dios. Y María está de rodillas dentro del rollo. María está en
el rollo, es decir, vive en la palabra de Dios, con toda su existencia vive
dentro de la Palabra. Está como impregnada de la Palabra. Así, todo su
pensamiento, toda su voluntad y todas sus acciones están impregnados y formados
por la Palabra. Al habitar ella misma en la Palabra, puede convertirse también
en la "Morada" nueva de la Palabra en el mundo.
Señor cardenal, al final, silenciosamente, sólo con estas alusiones, nos guió
por un camino mariano. Este camino mariano nos llama a insertarnos en la palabra
de Dios, a poner nuestra vida dentro de la palabra de Dios, y a dejar que esta
Palabra impregne nuestro ser, para que después podamos ser testigos de la
Palabra viva, de Cristo mismo en nuestro tiempo.
Así, con nueva valentía, con nueva alegría nos encaminamos hacia la Pascua,
hacia la celebración del misterio de Cristo, que es siempre más que una
celebración o un rito: es presencia y verdad. Y pidamos al Señor que nos ayude
a seguirlo, para ser así también guías y pastores de la grey que se nos ha
encomendado.
Gracias, señor cardenal. Gracias, queridos hermanos.
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
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